Categorías
Fragmentos del pasado

Costumbre

Las nubes cubren el cielo, y anuncian la muerte del día.

-¡Muero de hambre!

-Yo muero de cansancio. Más tarde hacemos algo de comer. Ayúdame abriendo la puerta.

Juntas, sacan las maletas del baúl y caminan hacia la casa. El suelo de la entrada está cubierto de insectos muertos y tierra.

-¡Está intacta! Sigue igual de hermosa. ¡Me muero!

-Deberíamos venir más seguido. Papá murió un año después de terminarla y casi no la disfrutó.

Empiezan a desempacar. Afuera, el frío se extiende por el césped que rodea la casa, acentuando el olor de flores muertas. Entonces una camioneta se detiene bruscamente en la entrada.

Ellas se asoman a la ventana. El terror las enmudece cuando ven a tres hombres acercarse a la puerta. Muertas de miedo, corren y tratan de encerrarse en una habitación, pero ellos ya están dentro de la casa.

El conductor de la camioneta se queda en su sitio, asegurándose de mantener el motor encendido. “Estas muertas no se demoran”, le habían dicho hacía unos minutos. Enciende la radio, encuentra una emisión de noticias, y sube el volumen para apagar los gritos de angustia que vienen de la casa.

La locutora habla sobre un crimen cometido el día anterior. “Cada vez son más los muertos, y menos las personas que preguntan por ellos”, dice.

Se escuchan dos disparos que retumban en la casa. Saca su teléfono, ignora la señal de su batería muriendo, y envía un mensaje. Luego lee las palabras de su hija.

-Muero de aburrimiento. ¿Llegas pronto? Las calles están muy peligrosas.

-Yo muero de amor por ti -responde el conductor-, ya voy en camino.