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Fragmentos del pasado

Otro

Hay algo dentro de mí.

He leído historias sobre demonios internos, sombras que susurran al oído, o animales que entrelazan eternamente sus fauces; dos seres que pelean y que, cuando se juntan, conforman un mismo organismo, complejo y humano. El Ying y el Yang. Alfa y Omega. Él y yo.

Lo que habita en mi cuerpo no es tan sofisticado. Es como una langosta, o una cucaracha. Tal vez sea como una rata. Es lo suficientemente grande para afectar la forma en la que existo, pero lo suficientemente pequeño para poder vivir con él simulando que soy una persona más.

La primera vez que lo noté fue cuando mi estómago perdió su fondo y derramé todas mis debilidades a borbotones. Al menos así lo recuerdo, porque la idea de un corazón roto no se acerca a la sensación de ser consumido por ese dolor tan particular.

Quise hacer muchas cosas al respecto. Tuve varios impulsos, tuve muchas ideas, y hasta se me ocurrieron algunos sueños. No hice nada, porque él me obligó a quedarme quieto. Pude sentir su pereza inundar y adormecer mi mente, sin dejarme procesar lo que pasaba en ese momento. Así seguí con mi vida, como si nada. Sólo se lo agradecí ese día.

Nuestro entendimiento se hizo más profundo cuando me convenció de abrazar la soledad. Nuestros vínculos con las personas, dijo, serían mínimos, y jamás seríamos atrapados por dramas o por cosas que jamás entenderíamos, como el amor incondicional.

Se equivocó. Me hizo equivocarme. Los dramas se intensificaron, y las mentiras con las que convivíamos se tornaron corpóreas, con nombre y vida propios, con destinos por cumplir. Y nos dejaron por fuera de ellos, como sobras, como viejos padres, como líquidos inservibles.

A veces, como hoy, intento escapar cuando él está dormido. Doy varios pasos hacia lo que parece ser una salida, pero se da cuenta enseguida y me convence de seguir juntos.

A veces lo hace con una violencia que me quema las entrañas.

Hoy lo hizo con un cálido empujón.

Y ahora lo entendí: para darme un empujón, tiene que estar fuera de mí. Y si es así, entonces no es parte de mi propio ser. Es otra cosa.

Es alguien más.