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Fragmentos del pasado

Reflejo

Como todas las mañanas, se levantó con dificultad de la cama. Después de una ducha larga y un café hirviendo en sus manos, se apoyó en el marco de la diminuta ventana y empezó a murmurar, tratando de darle orden a sus ideas.

Como todas las mañanas, estaba luchando con la sensación que le quemaba el estómago y lo abrumaba con una frustración que lo tentaba a romper el vidrio, las puertas, o sus huesos.

Como todas las mañanas, se hacía algún cuestionamiento que lo torturaba por horas, sin darle lugar a la piedad. Esta vez se preguntaba en voz alta cuándo fue la última vez que sintió tantas ganas de salir corriendo, sin importar a dónde.

Pero a diferencia de todas las mañanas, hoy tuvo una respuesta diferente a su propia voz.

-Probablemente cuando teníamos siete años.

La sorpresa casi le hace soltar la taza que sostenía en una mano. Se incorporó y miró a su alrededor, mientras intentaba controlar el nudo que bloqueaba su garganta. El apartamento, lo suficientemente pequeño para poder revisarlo de un solo vistazo, estaba vacío.

Pensando que la falta de sueño por fin lo estaba afectando, soltó un silbido de alivio y se volvió hacia la ventana, apoyando su frente en la pared fría y observando, sin prestarle realmente atención, su reflejo en el vidrio.

Sí, hacía muchos años también se sentía harto de todo lo que lo rodeaba. Vació la maleta llena de libros escolares, la llenó con su libro favorito, un juguete y un cuchillo de carnicero robado de la cocina, y había huido hacia una concurrida calle que creía conocer bien.

Caminando entre vendedores, ladrones y abusadores, reprimió las lágrimas para que nadie lo detuviera o le hiciera preguntas. Luego las dejó salir al darse cuenta de que, como en su casa, a nadie parecía importarle el dolor que sentía en ese momento.

Deambuló por varias calles y horas, pero al final el hambre y el frío lo convencieron de volver a casa. Llegó antes que su madre lo hiciera, a tiempo para esconder la maleta debajo de su cama y fingir que no había pasado nada extraño esa tarde. Se ahorró un par de meses de castigo.

Levantando la mirada, se dio cuenta que su reflejo le devolvía una expresión curiosa.

-¿Todavía tienes el cuchillo, no?